Port O’Brien, una canción en el mar
Port O’Brien es una novel banda californiana que por estos días recorre con gran éxito el circuito Indie norteamericano. El debut de la banda lo datamos en el 2007 con el disco “The wind and the swel” una interesante producción que actúa como pre secuela del larga duración que nos convoca, “All we could do was sing”.
“Todo lo que podemos hacer es cantar”, así se titula este elogiado segundo larga duración, que desde su aparición sorprendió al mainstream recibiendo positivas y halagadoras críticas, lo que provocó una rápida gira europea que los llevó desde Madrid a Londres.

Desde un punto de vista descriptivo el disco es esencialmente Folk-rock, con algunos matices Lo-fi que otorgan la sensación de estar ante un trabajo más de mano que de estudio, lo que se agradece. Son 11 tracks, distribuidos de muy buena manera, logrando que el álbum resista hasta el final, sin agotar. En general, son melodías simples, cantadas por una voz delgada y penetrante.
Bien, lejos de un detalle del álbum, y pensando más en las tardes que he pasado junto a este disco, lo que más llama la atención de esta banda son los evidentes rasgos marinos que obran en su construcción. El nombre de la banda (una marca conservera), el título de los tracks, el arte del disco, los videos, e incluso el argot de la banda está imbuido por ésta temática.
Para entender aquello, tenemos que recurrir no a la banda, sino a su líder y creador Van Pierszalowski, quien durante los últimos quince años desaprovechó el playero verano Californiano para ir en busca de peces junto a su padre en una gélida isla de Alaska. Gran parte de las experiencias recogidas, verano tras verano por Van, se encuentran plasmadas en este álbum. Simpatía a parte, tiene el que Van haya logrado integrar a la banda en sus aventuras septentrionales, logrando unir su propia vocación marina con el carácter neo-hippie de la banda.
Tal sinergia, da vida a un álbum que se digiere sin grandes complicaciones, sencillo en su ambiciones. Sin embargo, no es menos cierto que éste larga duración cumple, convence y gusta. Sí, gusta y mucho. A continuación las razones de aquello:
A diferencia de otras caras folkies, mmm... pienso en Bon Iver (4AD) o Surfjan Stevens (Asthmatic kitty records) o la argentina Los Alamos (Cuatrero records), no se siente esa carga armónica monótona y regular que atraviesa sus discos. En Port O’Brien sucede totalmente lo contrario, el disco está lleno de curvas, despegues, caídas y baches, nadie podría decir que es un disco plano, la irregularidad es el ethos de este disco.
El aporte de este álbum radica en desmitificar ese Folk-rock tan ad-hoc para la riqueza de nuestra intimidad, pero tan sin sentido para el resto del día (¿me perdonará Dylan?). Bueno, qué se yo, para mí el Folk en general y sin apellidos, es un Valium, una gran dosis que no te duerme, al contrario te permite asumir con más calma tu vida, sentir cada momento de ella, mirar el paso cansino de las nubes y Bla bla bla bla, sin tener que recurrir al inexpresivo Ambient. ¿Ese es el Folk, no? Bueno esa continuidad y repetitividad del Folk-rock aburre, esa sobre armonización del espacio fastidia.
De tal manera que al poner el disco de los folkies de Port O'Brien no vas a sentir esa incomoda sensación de querer avanzar el álbum y no hacerlo por no traicionar tu sensibilidad musical, esto porque Port O’Brien no aburre, es mas excita, revitaliza y lo mejor sin perder aquella característica fundamental del Folk-rock que tanto amamos, la melodía fluida y armoniosa que envuelve hasta al más gordo de nuestros amigos.
Discursivamente, el álbum plantea atrayentes discusiones, desde un interesante llamado a asumir, como veinteañeros, ciertas responsabilidades con la realidad, hasta un hondo relato personal que se centra en las figuras padre e hijo (una de las notas más altas del álbum), lo que marca indefectiblemente el camino del relato en el álbum. En este sentido, los primeros tracks van conformando, progresivamente, una idea única e inequívoca, el mar. Empero, al acabar el disco esta idea central toma un carácter ambiguo, que no opaca el disco, pero que inquieta, desarticulando cualquier tipo de aprehensión previa.
Lo que finalmente nos otorgan es la idea de un mar inquieto y hostil, cerrado sobre sí mismo, alegoría del mundo urbano cosificado y contaminado de la Costa Pacífico norteamericana. Axiomáticamente pienso en Herman Melville con su Billy Budd, Marinero (Alianza), recordando que al igual que en el álbum, la obra de Melville nos permite descubrir dos mares uno sobrecogedor que nos lleva a la confusión y al tormento; y otro conciliador y profundamente humano, que si se quiere puede actuar como un exorcizador en las vidas de quienes acuden a él.
En suma, la ambigüedad discursiva del álbum, no se convierte en una limitante, sino más bien en un sortilegio. Invito entonces, a llevarlo en nuestro reproductor portátil y si estas en la costa, regálate unos minutos, junto al mar.
All We Could Do Was Sing
Port O'Brien
2008
Folk Rock




